historias de héroes, amigos y protectores

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Del envoltorio de tela brincó un animalito peludo. Era un http://mattmcguire.ca/wp-json/oembed/1.0// cachorro negro, de pelo rizado, con enormes ojos de canica y expresión de muñeco de peluche. Rogaste quedártelo, le pusiste “Chucho” y desde el primer día durmió contigo, apretujado bajo tu costado.

Nunca pensaste escribir algo sobre él, hasta ahora que está muerto y todos los recuerdos se agolpan con amarga nitidez. Entonces vienen a tu memoria buy Pregabalin with mastercard tres cuentos sobre los perros y la muerte que despertaron en ti una profunda tristeza.

Variada literatura sobre perros

Hay una extensa literatura sobre perros, inagotable y emotiva en la que los canes son protagonistas, héroes, amigos, protectores, http://conservatoriodecaravaca.es/568383-dts86179-conocer-chicos-palmanova.html fieles sombras que vigilan nuestro sueño, que pueden ver la muerte, incluso otras dimensiones según algunas historias que nos estremecen cuando las recordamos.

La oferta es amplia y variada, incluyendo textos de reconocidos escritores como look here Arturo Pérez-Reverte, Paul Auster , Leonardo Padura y hasta Miguel de Cervantes con “El coloquio de los perros”.

En la lista figuran desde “Lassie vuelva a casa” hasta “Colmillo blanco”, pasado por “Flush”, “Elvis nunca se equivoca”, “Marley y yo, “La perra de mi vida”, “Cujo”, “El hombre que amaba a los perros”, “Los perros duros no bailan” o “Sirio”.

En “Flush”, Virginia Woolf describe con acierto el temperamento volátil del cocker spaniel:

“Flush no era un perro cualquiera: animoso y, al mismo tiempo, reflexivo; canino, sí, pero a la vez extremadamente sensible a las emociones humanas (…) Nos une la simpatía. Nos une el odio. Nos une la prevención contra la tiranía morena y corpulenta. Nos une el amor».

Infinidad de escritores tuvieron por mascota a un perro. Camoens, un perro de agua, fue el que inspiró a José Saramago a crear a “Encontrado”, el mejor aliado del alfarero protagonista de su novela “La caverna”.

Lord Byron, Víctor Hugo, Miguel de Unamuno, Pablo Neruda, Truman Capote… todos tuvieron perros. Bukowski y Cortázar eran más de gatos, al igual que Monsiváis, pero ese es tema para otro texto.

Desgarradores

Hay infinidad de publicaciones en internet sobre los escritores y sus mascotas, o sobre novelas inspiradas en perros, pero aquí nos vamos a referir específicamente a tres cuentos desgarradores, tremendos, inolvidables e indispensables sobre perros:

“La insolación”, de Horacio de Quiroga; “Historia de un perro”, de Guy de Maupassant, y “La noche del perro”, de Francisco Tario.

El cuento del uruguayo, uno de los mejores cuentistas que Latinoamérica ha tenido, forma parte de “Cuentos de amor, de locura y de muerte”. Mr. Jones y “Old”, el fiel cachorro de éste, son los personajes principales, aunque también hay otros perros ( Milk, Prince, Dick, Isondú).

Lo que «piensan» los perros

Al igual que en el cuento de Tario, lo importante de este relato es que está narrado desde el punto de vista de los perros. Ambos relatos también tienen en común la muerte como algo temido e inevitable, pero que los perros tratarán de evitar para salvar a sus amos.

Sombríos y alertas, los perros de “La insolación” siguen a su amo, Míster Jones, a todas partes, luego de haber visto a un “falso Míster Jones” que no era otro que La Muerte.

Erizados, ladran, mientras los humanos del cuento, alertados por los ladridos, voltean a ver, pero no distinguen nada.

Hay infinidad de literatura de historias de perros
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Truman Capote y Charlie
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Pablo Neruda con su mascota


El falso y el verdadero Míster Jones no deberán toparse nunca, y de eso trata todo el cuento, de la angustia con la que los fieles perros tratan de evitar ese encuentro que terminaría en la muerte de su amoroso propietario.

El miedo a la soledad se desprende con desesperación de este relato, que mantiene su constante tensión bajo un calor inhumano.

Miseria compartida

“La noche del perro” es un bellísimo cuento que desde el inicio emana poesía pura y una tristeza profunda. Comienza así:

Mi amo se está muriendo. Se está muriendo solo, sobre su catre duro, en esta helada buhardilla, adonde penetra la nieve. Mi amo es un poeta enfermo, joven, muy triste, y tan pálido como un cirio».

«Se muere así, como vivió desde que lo conozco: silenciosamente, dulcemente, sin un grito ni una protesta, temblando de frío entre las sábanas rotas. Y lo veo morir y no puedo impedirlo porque soy un perro».

«Si fuera un hombre, me lanzaría ahora mismo al arroyo, asaltaría al primer transeúnte que pasara, le robaría la cartera e iría corriendo a buscar a un médico. Pero soy perro, y, aunque nuestra alma es infinita, no puedo sino arrimarme al amo, mover la cola o las orejas, y mirarlo con mis ojos estúpidos, repletos de lágrimas”.

Comparten la alegría y el dolor

El perro, llamado Teddy, que también está enfermo, se dice a sí mismo que su vida animal importa poco, no así la de su amo.

Los dos son miserables, pero comparten su miseria con alegría y también con dolor, porque resulta que el dueño, aunque es amoroso, también es un borracho que golpea con furia al animal cuando la frustración se apodera de él.

Pero el perro, en su infinito amor y nobleza, soporta los golpes con estoicismo y lástima por el sufrimiento del poeta, que luego se arrepiente y le pide perdón. Una amarga desesperanza flota entre hombre y bestia.

“Pienso en su rostro tan pálido, en sus pulmones enfermos, en su mirada tan honda, y me digo: ‘Ámalo, ámalo aunque te duelan los golpes’”.

Puede ver la muerte

Teddy, al igual que los perros de Quiroga, puede ver la muerte, pero no en un falso dueño, sino en los ojos moribundos del poeta. Ambos están solos y enfermos y no le importan a nadie.

Mientras en “La insolación” impera el calor, aquí la frialdad del invierno va de la mano de la desesperanza y la enfermedad, de lo cruel que puede llegar a ser la vida.

Finalmente, para acabar con el ramillete de desgracias, cae en tus manos “Historia de un perro” de Maupassant.

Y no, tampoco es un cuento con final feliz: Un hombre es seguido por insistencia por una perra de aspecto lamentable, aunque hace todo por ahuyentarla no lo consigue y la adopta, pero las circunstancias de la adopción del can traen consigo consecuencias que llevarán a un desenlace trágico que llevará al hombre a la locura.

Hasta aquí mis recomendaciones de tres historias que se quedan en la memoria y dejan una sensación sombría difícil de borrar, Truman Capote ya hubiera corrido a abrazar a su perro Charlie.

II

Un día cualquiera te dispones a salir de casa y hurgando con apuro en tu bolsa en busca de las llaves del coche tus dedos se topan con el collar nuevo que le compraste a “Chucho”.

Los muertos siempre dejan sus cosas en el camino para que los recordemos y nos duelan. Si fuera Capote, escribiría algo así:

“Querido Chucho, aquí todos los perros tienen miedo y pulgas, no te gustarían nada. Te echo de menos. ¿Quién te quiere? (Quién si no)”.





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